La Eucaristía

La Eucaristía

Jesucristo instituyó la Eucaristía mientras celebraba con sus Apóstoles la Última Cena. La Eucaristía es el emblema de la nueva y eterna alianza entre Dios y los hombres. 

Jesucristo tomó en sus manos el pan, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros». Después tomó en sus manos el cáliz con el vino y les dijo: «Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres, para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía».

Debemos acercarnos a la Eucaristía, fuente inagotable de gracias, para que reforcemos la fe. Debemos alimentarnos con el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo en la Eucaristía. Debemos ser creaturas de intercesión por la Iglesia, por todos los hombres del mundo entero. Pero antes de recibir la Eucaristía, debemos acudir al Sacramento de la Reconciliación (La Confesión).

La Eucaristía es la consagración de la Hostia. Por fe creemos que la presencia de Jesús en la Hostia y el Vino son reales; esto se llama el misterio de la transubstanciación, ya que lo que cambia es la sustancia del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo.

Debemos reconocer que la Eucaristía es el mayor tesoro de la Iglesia ofrecido a todos para que todos puedan recibir por ella gracias abundantes y bendiciones. La Eucaristía es el sacramento del sacrificio de Jesucristo del que hacemos memoria y actualizamos en cada Misa y es también su presencia viva entre nosotros.

 

Contacto:

juan.boillat@oremosporlapaz.org

San Salvador, El Salvador.